domingo, 23 de octubre de 2011


La teoría del Big Bang está tan extendida como el fenómeno al que hace referencia, pero puede existir una alternativa. El investigador Wun-Yi Shu, de la Universidad Nacional Tsing Hua en Taiwán, sugiere un nuevo modelo para explicar el Universo en el que no hay ni un origen ni un final. Según esta teoría del infinito, que sugiere que la masa, el espacio y el tiempo se relacionan de forma diferente a como ahora consideran los científicos, la gran explosión que, según el consenso científico, originó todas las cosas, nunca llegó a producirse.

En un estudio publicado en arXiv.org, Shu explica que el nuevo modelo responde a una nueva perspectiva sobre algunos de los conceptos básicos que se utilizan en astrofísica, como son el tiempo, el espacio, la masa y la longitud. En su propuesta, bastante difícil de entender para la gran mayoría de los mortales que no tenemos un título en Física o en Astronomía, el tiempo y el espacio se pueden convertir el uno en el otro, y la velocidad de la luz es el factor de conversión entre ambas. Como el Universo se expande, el tiempo se transforma en el espacio, y la masa, en longitud. A medida que el Universo se contrae, ocurre lo contrario.

En resumen, la propuesta de Shu tiene cuatro características distintivas. La primera es que la velocidad de la luz y la gravitación no son constantes, sino que varían con la evolución del Universo. En segundo lugar, el tiempo no tiene principio ni fin, es decir, que ni estalló el Big Bang ni se producirá nunca un Big Crunch (el Gran Colapso, una teoría que predice que el Universo irá frenándose poco a poco comprimiéndose hasta que todos sus elementos vuelvan al punto original, destruyendo toda la materia en un único punto de energía). Punto tercero: la sección espacial del Universo es de tres dimensiones curvadas en una cuarta, lo que descarta una geometría plana o hiperboloide, y por último, existen fases de aceleración y desaceleración.

La idea, además de complicada puede parecer arriesgada, pero Shu asegura que sus datos encajan perfectamente con las observaciones realizadas por los astrónomos en la Tierra. Para entender el funcionamiento del Cosmos, su teoría no necesita de la energía oscura, una misteriosa fuerza que, según los científicos, componen el 74% del Universo y cuya existencia es discutida por algunos investigadores. Sin embargo, tiene un punto flaco, y es que sus ideas no pueden explicar la existencia de fondo cósmico de microondas, que se supone la evidencia más sólida de los restos del Big Bang.

La órbita de la Tierra

Como todos sabemos, cuando la Tierra gira en torno al Sol, lo hace siguiendo una determinada órbita, la cual se ha demostrado que tiene forma elíptica y nuestro planeta dura 365 días y casi 6 horas en recorrerla por completo, completando así lo que conocemos como un año.

Movimientos 300x149 La órbita de la Tierra

Al movimiento del planeta por la órbita terrestre se le conoce como traslación, y a medida que lo lleva a cabo, tiene otro movimiento que recibe el nombre de rotación (que dura 24 horas en dar una vuelta sobre su mismo eje).

La órbita de la Tierra tiene una longitud aproximada de 930 millones de kilómetros, y para recorrerla por completo, nuestro planeta debe viajar a una velocidad de 29.5 kilómetros por segundo, lo que se podría recalcular e indicar que, la Tierra recorre 1770 kilómetros en un minuto o más de 106.000 kilómetros en un día.

Durante su recorrido, la Tierra se sitúa en ocasiones más lejos del sol y en otras ocasiones más cerca. Cuando se aproxima más que nunca a nuestra estrella, se dice que es el perihelio, mientras que cuando nos alejamos, nos estaríamos situando en el afelio.

jueves, 13 de octubre de 2011

¿Cómo de masiva tiene que ser una estrella para convertirse en un agujero negro?

Astrónomos europeos han demostrado por primera vez que un magnetar, un inusual tipo de estrella de neutrones, se formó a partir de una estrella de al menos 40 veces la masa del Sol. El resultado desafía las actuales teorías sobre evolución estelar, ya que se esperaba que una estrella tan masiva como ésta se convirtiera en un agujero negro, no en un magnetar. Se plantea así una pregunta fundamental: ¿cuán masiva debe ser realmente una estrella para convertirse en un agujero negro?
Para llegar a estas conclusiones, los astrónomos miraron en detalle el extraordinario cúmulo estelar Westerlund 1, situado a 16.000 años-luz de distancia en la constelación austral de Ara (el Altar). Este súper cúmulo de estrellas es el más cercano conocido, con cientos de estrellas muy masivas en su interior -algunas brillan con un resplandor similar a casi un millón de soles- y una extensión de unas doscientas veces el diámetro del Sol.
Si el Sol estuviese ubicado en el corazón de este notable cúmulo, nuestro cielo nocturno estaría lleno de cientos de estrellas tan brillantes como la Luna llena”, dice Ben Ritchie, autor principal del estudio, que pronto se publicará en la revista Astronomy and Astrophysics.
Las estrellas del cúmulo tienen algo en común: todas alcanzan la misma edad, estimada en entre 3,5 y 5 millones de años, debido a que se creó en un solo evento de formación estelar. Por su parte, un magnetar es un tipo de estrella de neutrones con un campo magnético tremendamente fuerte –1015 veces más fuerte que el de la Tierra-, que se forma cuando ciertas estrellas explotan como supernovas.
El cúmulo Westerlund 1 alberga uno de los pocos magnetares conocidos en la Vía Láctea. Como se encuentra en el cúmulo, los astrónomos pudieron deducir que este magnetar debe haberse formado a partir de una estrella al menos 40 veces más masiva que el Sol. Las observaciones se han realizado con el Very Large Telescope (VLT) que el Observatorio Europeo Austral (ESO) tiene en el norte Chile.
De esta forma se demuestra por primera vez que los magnetares pueden desarrollarse a partir de estrellas que, por su gran masa, se esperaría que formen agujeros negros. Hasta ahora se suponía que las estrellas con masas iniciales de entre 10 y 25 masas solares se convertían en estrellas de neutrones, mientras que aquéllas sobre 25 masas solares producían agujeros negros.http://www.youtube.com/watch?v=SW9A6U8xhCg

lunes, 10 de octubre de 2011

Lluvia de estrellas dracónidas en todo el hemisferio norte





En primer lugar, he decidido dedicar esta primera entrada del blog a un tema que estamos tratando mucho últimamente, las estrellas y su composición.

Sabemos, pues, que vivimos en Burriana, que se encuentra en Castellón, que forma parte de la Comunidad Valenciana, que está en España, la cual forma parte Europa, un continente del planeta Tierra, situada en el tercer lugar con respecto al Sol dentro del Sistema Solar, que se encuentra en un extremo de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Dicho así, parece muy sencillo y esquemático, pero en realidad somos prácticamente incapaces de imaginar y sobre todo de medir las distancias reales entre los elementos que forman nuestro Universo en expansión. Incluso reduciendo al máximo dichas distancias sería complicado mentalizarnos de que con respecto una Tierra a tamaño guisante, Plutón se encontraría a dos quilómetros de distancia; ahora bien, en ese caso la estrella más cercana estaría a 16.000 km de nuestro planeta.

Sin ir más lejos en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay nada más y nada menos que cientos de miles de millones de estrellas, entre las cuales destacamos la más cercana a nuestro Sol, que recibe el nombre científico de "α-Centauri" y se encuentra a unos 4,5 años luz. Por otra parte, tenemos a Andrómeda, la galaxia más cercana al minúsculo punto del Universo que representa nuestra existencia, y que está situada a 2,5 millones de años luz.


Pero hoy quiero hacer referencia a esos fascinantes puntitos brillantes que están en el cielo a los que estamos tan habituados que resulta curioso reconocer que los consideramos como cuerpos permanentes e inamovibles, aunque lo cierto es que, como los demás elementos del espacio, tienen forma, origen, composición y actividad. Así pues, las estrellas están compuestas Por Hidrógeno y Helio, tras la conversión de éste último elemento químico en su interior; y su camino depende de la cantidad de masa que le corresponda a cada una de ellas. En su principio, las estrellas más grandes, o supernovas, al final de su periodo activo, estallan dando lugar al resto de elementos químicos. Podemos concluir, entonces, que las estrellas son móviles y que, además, están dotadas de variabilidad, pues su estado va cambiando al igual que su brillo a lo largo de su periodo activo.

Para terminar, me gustaría dirigirme de nuevo al titular de ésta entrada, que pertenece a una noticia del pasado sábado día 8 de octubre, que entre las 8 y las 11 de la noche aproximadamente pudo observarse en la claridad de un cielo despejado una peculiar tormenta de estrellas que se conoce como la más importante desde hace una década, y que hemos tenido la oportunidad de presenciar, a pesar de que en algunos lugares de España la Luna brilló demasiado y les robó protagonismo a éstos meteoritos.

Brillan sólo un instante, por eso es complicado verlas, y más difícil todavía fotografiarlas. Numerosas estrellas cayendo del cielo una tras otra convirtieron nuestra bóveda celeste en un verdadero espectáculo para todos aquellos amantes del cielo nocturno.

Éstas estrellas se denominan "Dracónidas", y deben su nombre a la constelación de donde se originan, la de Draco (Dragón). Éste suceso se debe a la serie de partículas que un cometa ha dejado a su paso en su órbita, contra las que la Tierra choca, al igual que un montón de insectos que chocan contra el parabrisas de un automóvil. Ésta lluivia ha permitido la visión de tres o cuatro estrellas fugaces por minuto, una oportunidad única para no dejar de pedir deseos, porque hasta dentro de un mínimo de quince años, dicen los científicos, algo así no se volverá a repetir.





Las fuentes de información utilizadas para elaborar la entrada son un extracto de las noticias de antena3 del domingo 9 de octubre.